FECHAS MEMORABLES DE LA ARPU: 1906-1927

 

  • 1906: En esta fecha surgen las primeras inquietudes en Doña Juana Carou Rodríguez, cuando le manifestó el Señor el deseo de ser adorado por todos los hombres en todos los Sagrarios de la Tierra y el sitio tan alto en el cielo reservado a cuantos le ayudaren en ello y a todos los adoradores.

Entregada a Dios desde su más temprana edad y favorecida de muy singulares gracias por Él, siempre vivió de anhelos irresistibles por la compañía del Señor.

5 de abril de 1924: Comienzo de la preparación por Doña Juana y Don José Llés.

Doña Juana, era Maria de los Sagrarios desde las primicias de esta fundación.

Las “María de los Sagrarios” fundada y dirigida hasta 1915 por el Rvdo. Don Manuel González, que después y sucesivamente fue obispo de Málaga y Palencia.

Un artículo publicado en el órgano de aquellas, -María de los Sagrarios-, la revista “El granito de Arena” del 5 de abril de 1924 titulado: “LAS ANSIAS DE UN ARCIPRESTE QUE SE MUERE DE PENA POR LA SOLEDAD DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS” y firmado por el Arcipreste de Áger (Lérida) Don José Llés Segarra, la puso en conmoción y contacto con este Sr., a quien escribió y repetidas veces para comunicarle sus mismos sentimientos.

Tan exactamente reflejados, sus sentimientos, que sus amigas al leerlo, hubieron de decirla: No sabíamos que tenías ese seudónimo, a lo que ella contestaba apurada: -pero si yo no lo he escrito…..”

Si todas las obras Eucarísticas tiene un mismo fin, también cada una tiene su forma específica, la Adoración Real Perpetua y Universal, es fuera de culto colectivo (en sus “velas” semanales) cuando las iglesias están más desiertas que es cuando más precisa de compañía.

La Fundadora soñaba con algo no condicionado a un grupo de cierta formación, sino muy amplio, universal, para allí donde hubiera un Sagrario en todo el mundo, y si fuera posible, que todo feligrés en su parroquia, todo bautizado, remediara ese dolor, por el solo hecho de acudir a su “vela” y dirigido, acaso alguno, llegara enterarse de que el Señor está presente en el Sagrario.

Pero Don José carente de información de quien le escribía, sólo le contesto para averiguar quién era su Director espiritual, y dirigirse a él.

Satisfecho en este sentido, empezó y continuó durante dos años con esta señora, una correspondencia tan espiritualmente ardiente, como inútil, al parecer, ya que se encontraban en un callejón sin salida. Solos, desconocidos de todo el mundo, separados en uno y otro extremo de la península, ¿Cómo podrían llevar a cabo la empresa que ambos tenían en sus mentes y en sus corazones?

La Providencia se encargó de solucionarlo.

Un topógrafo llego un día a Áger, encargado de un trabajo y deseoso de saber como podrían administrarle la comunión fuera del horario de misas incompatible con su ocupación, le indicaron a Don José Llés, quien se ofreció a complacerlo aunque fuera de a las cuatro o cinco de la mañana.

Sorprendido el topógrafo y no menos agradablemente el Sr. Arcipreste del fervor de aquel caballero, se hicieron muy amigos y durante su estancia se reunían y en aquellas charlas llego a participarle –al topógrafo: Sr. Pineda- la preocupación que le embargaba.

El Sr. Pineda que era dirigido por el Rvdo. Padre José Maria Rubio, destacadísimo en Madrid, por su virtud y singulares dotes, propuso al Sr. Arcipreste ponerles en comunicación y este no vio mejor medio que el que le llevara las cartas de Doña Juana que le confió.

-Se las entregaré sin decirle nada, rogándole que las lea y me diga una palabra, agrego el Sr. Pineda. Si a los ocho días al devolvérmelas, no me hace ninguna pregunta, es señal de que todo es ilusión.

Así se hizo y cuando fue a ver al Padre le recibió diciendo: ¿Pero hijo, de donde has sacado este tesoro?

No obstante, después de minucioso examen por parte del Padre Rubio y de otras autoridades competentes, durante mucho tiempo, en que fue favorable el fallo, llamaron a los protagonistas a Madrid donde se vieron por primera vez.

 

 

  • Julio de 1926: Se aprueba en Madrid el carisma del Movimiento y presentación ante el Corazón de Jesus en el Cerro de los Ángeles sellándose el compromiso de consagración como apóstoles de la Eucaristía.

Allí, el Excmo. Sr. D. Juan Bautista Luis y Perez, obispo de Oviedo se comprometió con Monseñor Solé, a dar vía canónica, como obispo, a la Obra Real Perpetua y Universal, inspirada al parecer de la siempre humildísima y obediente Doña Juana Carou y Rodríguez.

 

  • 1 de agosto de 1927: Se celebró una reunión en el locutorio de “Las Magdalenas” en Madrid, donde asistieron unas 70 personas; sacerdotes, hombres y mujeres. Las primeras personas las facilito el Padre Rubio, unas 40 aproximadamente, quien mando a Don José Llés que se pusiera a las órdenes del Señor Obispo de Oviedo y le dijo: “No intente usted hacer nada sin el consejo de este santo y avisado Señor Obispo”. Moderó la reunión Monseñor Solé del Tribunal de la Rota y asesor de la Nunciatura de Madrid. Dicho moderador fue designado Obispo Auxiliar de Madrid.

 

  • 8 de agosto de 1927: Inauguración del Movimiento en Cercedilla, predica Don José María Rubio comenzando con las memorables palabras: “Hoy hay una gran fiesta en el Cielo…” dando lugar esta fecha a la fecha de fundación de la ARPU.

 

Cuando la ocasión se presentaba, el Padre Rubio afirmaba que la Adoración era Obra de Dios y varias veces animó al Arcipreste; poco tiempo antes de morir, y presintiendo que se verían por última vez, le dijo:

-“Ánimo Arcipreste, la Adoración es obra de Dios; siga adelante sin desmayo, tendrá que atravesar todavía montañas de dificultades, pero todas se allanaran. No teman a nada ni a nadie; esta obra se extenderá por todas parte, principalmente en nuestra Patria y será la salvación de España y del mundo”.

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