ADORACION REAL, PERPETUA  Y UNIVERSAL AL SANTíSIMO SACRAMENTO (ARPU)

 

Febrero 2021

XLIV Carta-Circular del Consiliario Nacional de la ARPU:

“(…) Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte; cuando una serpiente mordía a uno, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado” (cf. Números 21, 4-9):

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga Vida eterna” (Jn 3,13).

 

Queridos adoradores (as) de Jesús Sacramentado en la ARPU

Apoyándome en estos dos textos de la Sagrada Escritura deseo escribiros esta Carta (la núm. 44)  haciendo unas reflexiones ante la pandemia corona-virus o -covid-19 a la luz de la fe en el misterio pascual que, consumado por Jesús en el estandarte de la Cruz, se actualiza en la Eucaristía para que le miremos con fe y amor, con  arrepentimiento y esperanza para ser salvados con Vida eterna.

Podemos, pues, interpretar esa serpiente bíblica como la pandemia que ha mordido a tantos (millones en todo el mundo) y ha envenenado a tantos hasta matarlos (miles y miles en tantas naciones); pero que Jesús se ha identificado de tal manera con ella (con la serpiente y con ellos) que, sumiendo su veneno (el de la serpiente y la muerte), a los que le hayan mirado con fe y esperanza, con  arrepentimiento y amor se han curado, incluso los fallecidos. A estos sentimientos y actos invita la imagen del Cristo de Diego de Velásquez (o de su escuela).

 

1.- La pandemia corona-virus o covid-19: tema de actualidad a todas las horas.

Hace un año por estas fechas comenzábamos a oír y hablar del COVID o corona-virus. A distancia ya de estos meses este hecho me da pie y ocasión para enviaros dos o tres Cartas con mis reflexiones como Consiliario de la ARPU sobre esta nueva  y temible realidad de la pandemia.

Ante una situación nueva, inédita desde hacía más de un siglo (desde la peste “española” de 1918-1920), con la rápida propagación de un virus que se ha denominado así la pandemia corona-virus o -covid-19, el Gobierno Español, así como antes otros Gobiernos de Europa, y antes de China, de donde ha llegado la pandemia, se vio obligado a decretar “Estado de alarma” para tomar medidas que impidan la propagación. Una de ellas, la más exigente, ha sido la del “confinamiento” en toda España. Lo hizo el 14 de marzo de 2020. ¡Ojalá lo hubiera hecho antes! porque el virus ya estaba en diciembre 2019, de ahí un nombre de la pandemia COVID-19. Se hubieran evitado miles y miles de muertos y otras tremendas secuelas.

Tengo dos sobrinos que, sin saberlo entonces, tuvieron síntomas de contagio en enero de 2020. Se hicieron los test o pruebas en julio de ese año y tenían anticuerpos.

 

 Mucho se ha hablado de esta situación y tremenda realidad que nos ha tocado vivir. Mucho se ha escrito y en ámbitos muy diversos y en medios de comunicación social. Pero muy poco a la luz de la fe o con sentido de trascendencia. Por eso estas Cartas pueden resultar para muchos originales y hasta novedosas e interesantes. Por poner algunos titulares que he leído:

– “Sobre Dios y el corona-virus. Para un cristiano sencillo”,

– “Corona-virus: o a Cristo o al psiquiatra, o conversión o desesperación”,

– “Nos hemos quedado sin Eucaristía”, “Somos católicos cobardes que no defendemos al Santísimo”,

– “La vacuna contra el corona-virus es la Eucaristía…y la hemos «cuasi» suprimido”, etc.

¿Queda algo por decir, y por descubrir después de un año en situación de pandemia?

2.- Mis reflexiones personales van a ser veintiséis (26); unas para esta Carta y otras para las sucesivas.

Van y vienen desde la perspectiva de cristianos. Y, sobre todo, con relación a la Sagrada Eucaristía: somos la ARPU, una asociación eucarística. La misión y la labor de la Iglesia como tal serían un tema y una realidad que se puede estudiar aparte con muchos argumentos de estar -en general- a la altura de la situación en magisterio y en obras. Veamos y digamos algo.

1ª.- La Iglesia siempre ha suplicado en sus Letanías de los Santos: “a peste, fame et bello, libera nos, Domine”: de la peste (pandemia que pone en peligro a la Humanidad), del hambre y la guerra, líbranos, Señor”. Por otra parte, aunque con miedo y preocupación naturales, como cristianos sabemos que todo es para bien si amamos a Dios (cf. Rm 8, 28). Omnia in bonum! Todo es para bien. Cuesta entender esto así. Sobre todo si se padecen consecuencias de esta enfermedad y la misma muerte, y esa situación de emergencia sanitaria que llevan tantas secuelas de tipo económico, social, laboral, y, para algunas o muchas personas, también religioso…por estar privados hasta de lo más grande y bello, importante y necesario: el don inefable y enorme de la Eucaristía.

2ª.- ¿Qué querrá decirnos el Señor? ¿Qué bienes podrá sacar de tantos males?  

Por todo ello nos preguntamos ¿Qué querrá decirnos el Señor? ¿Qué bienes podrá sacar de tantos males? Es difícil ver que algo bueno o mucho se pueda sacar de tantos males: miles y miles de muertos (más de 70 mil en España), millones ya en el mundo de contagiados, enfermos graves en las UCI con las tremendas consecuencias (muchos recuperados); pero con miedos, temores, limitaciones de libertades en todos, muchos con fracasos económicos, laborales, escolares, “Confinados en casa”: toda una tragedia que se podría haber evitado en parte.

3ª.- ¿Qué querrá decirnos también el Señor que sabe sacar de los males bienes?

En otro orden de cosas para algunos o muchos que decimos: al estar dos meses privados de la Santa Misa, limitados a lo más esencial… ¿qué querrá decirnos también el Señor que sabe sacar bienes de los males? De alguna manera está diciendo que nos llama para que acudamos a Él que es el “Médico divino del alma y del cuerpo”; que nos llama a la conversión, a la vuelta a su Casa, a que esta Humanidad sufriente y en gran parte tan alejada de Dios, retorne a su Creador y Redentor; que lo mire con fe y amor, que deje su engreimiento de pensar que todo lo podía… Ahora, que creía poder todo, se da cuenta y tiembla ante un virus que no sabe cómo atajarlo y evitarlo del todo e impedir su rápida propagación; experimentamos en propia carne que el hombre es limitado, mortal, frágil, criatura y no más, que no es dueño del mundo, y menos de un minúsculo virus. Nos llama, en una palabra, a la conversión del corazón y de la vida. Continuamente lo hace no sólo en Cuaresma (de modo especial) y a veces por medio de acontecimientos que nos interpelen.

4ª.- Dios Nos llama a estimar más los dones que antes no apreciábamos tanto: ¿experimentamos así más y mejor que son suyos? porque los teníamos como “propios” o “merecidos”:

– La salud física. Cuando uno no puede valerse por sí mismo, cuando se ha perdido y, luego recuperada la salud, ¿se agradece más? Es la experiencia de los que hemos sufrido algunas enfermedades o accidentes de tráficos y con ellos limitaciones varias. No cabe duda para mí.

– Asimismo, a estimar más la cercanía entre familiares y amigos, cuando no se ha podido disfrutar, tener la posibilidad de saludarse con un beso, un apretón de manos y un abrazo. Seguimos sin poder hacerlo o por lo menos no se aconseja.

– La salud espiritual y el poner cuidados para que no entren otros virus más letales que pueden quitar la Vida eterna -por ocasiones de pecar- porque “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde el alma y la vida?”; “temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la ‘gehenna’” (cf. Mt 10, 24-33).

Estimar más los medios que tenemos a disposición y alcance – ordinariamente- para nuestra vida cristiana: iglesias abiertas (algunos meses cerradas o para minorías, limitación de aforo, la Santa Misa, la Comunión, los demás sacramentos, la presencia física de los demás hermanos cristianos, la presencia de los sacerdotes… Algunos lo han expresado con videos: “Queremos recuperar la Santa Misa”.

5ª.- Ocasión y motivación para recuperar la práctica de la “Comunión espiritual” que para muchos estaba olvidada y que ayuda a que la “sacramental” sea más viva y deseada, más consciente y practicada, encuentro salvífico y transformador de la vida del que comulga (cf. disposiciones de la CEE y de cada Obispo en su diócesis).

6ª.- Acudir a quien es el “Médico del alma y del cuerpo”, Jesús, que ha venido para los enfermos: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos y no he venido yo a llamar a los justos sino a los pecadores” (cf. Lc 5,31-32).

7ª.- Tomar conciencia de que ha venido “por nosotros y por nuestra salvación” y es el Redentor de todos los virus más terribles que el “corona-virus”: el pecado, el demonio, la muerte… y que por ello nos ha abierto las puertas de la Felicidad eterna, la Esperanza de un futuro de Vida eterna. Avivar, pues nuestra fe y nuestra esperanza en Él.

8ª.- ¿Cómo salimos o saldremos de esta emergencia sanitaria? Alguien, algunos, el mismo Papa en entrevistas e intervenciones varias han intuido que saldremos juntos de esta pandemia y crisis sanitaria “mejores” aunque menos (22-3-20). En otra ocasión ha dicho: “la pandemia es una crisis, de una crisis no salimos igual: o salimos mejor o salimos peor”. “Deberíamos salir mejor -dijo- para mejorar la injusticia social y la degradación del medioambiente” (19-8-2020). Y en la misma alocución dijo: “¡Qué triste si en la vacuna se diera prioridad a los ricos o se convirtiera en propiedad de una nación!”.

Ha tenido otras muchas intervenciones, incluso a diario en la homilía en época de confinamiento. Y a partir del mes de agosto ha iniciado una nueva serie de catequesis generales cuyo objetivo es presentar a Jesucristo sanador de todas las pandemias, como Médico divino del alma y del cuerpo. Ha ido denunciando otras pandemias o patologías peores que la del COVID-19 ha ido delatando.

9ª. Acudir más al Sagrario que eso ha sido posible siempre, incluso en tiempos de pandemias (cf. normativa de la CEE y de los Obispos: la visita al Santísimo, “como un signo de esperanza” (Arzobispo de Burgos).

10ª.- Estar preparados para lo esencial: “vivir y morir en gracia”. El corona-virus, aunque parezca que -con las vacunas- se irá yendo de España, la nación de mayor número relativo de muertos, la que ha perdido a más ciudadanos, puede volver; de hecho hay numerosos brotes y rebrotes en toda España y en el mundo. Ya estamos en la tercera ola. En otras naciones del mundo – por eso es pandemia- también está haciendo estragos. Y no debe pillarnos desprevenidos. Hay que preparar a la gente para lo esencial. Hay que actuar ya y preparar a la gente para lo esencial, que es la Vida eterna, que sólo Jesús, Verbo eterno de Dios, encarnado, crucificado, resucitado, sacramentado nos puede dar.

Hay mucha ignorancia -a veces supina- de cosas esenciales al respecto. Por ejemplo:

– Que la muerte no es una tragedia para el creyente. Pero sí es preciso reavivar la fe en la resurrección, mediante la predicación (cf. 1 Co 15). Este capítulo 15 es, tal vez, el texto más optimista que salió de la pluma de San Pablo y que proclama la victoria sobre la muerte.

– Que el sacerdote en sí, según la voluntad de Jesucristo, es insustituible para el

perdón de los pecados, sobre todo graves o mortales en el sacramento de la Penitencia; y en caso de su ausencia, sobre saber hacer un acto de contrición perfecta cuando no se pudo confesar, con propósito de hacerlo si se puede.

Seguiremos, Dios mediante, con otras reflexiones.

3.-     Queridos hermanos y amigos: con estas 10 reflexiones saquemos buenos propósitos, afectos e inspiraciones: acciones concretas a sacar por vosotros: poner remedio y vacunas a tanto mal no sólo de la pandemia física sino de otras pestes y contagios espirituales que son peores. Tenemos a Jesús que “cura todo mal” y “por Él nos vienen todos los bienes”. Buscarle como remedio donde Él está: en el Santísimo Sacramento del Altar.

 

4.- Os propongo estas tareas a realizar cada quien según sus posibilidades:

1.-Pensad en qué aplicaciones prácticas podéis -podemos- sacar para nuestra vida de adoradores de Jesús Sacramentado, para nuestro apostolado eucarístico, para nuestra santidad y la del Pueblo de Dios (la Iglesia) de estas 10 reflexiones bien meditadas.

2.- Si queréis compartirlas (las aplicaciones prácticas) mejor para beneficiarnos todos. Los bienes espirituales y el gozo que se comparten, aumentan; y los males y las penas que se comparten, disminuyen.

3.- Tened un “plan de vida” para esta Cuaresma que siempre comienza en este mes de febrero (para toda la vida). Os la deseo muy benéfica y saludable: “tiempo de gracia, tiempo de Salvación”. Tiempo de renovar nuestra condición de cristianos como hombres y mujeres “nuevos” para la Pascua.

4.- Leed el Noticiero y Memento de este mes sobre todo para vivir este Año de San José.

5.- Entre todas las prácticas dedicadas al Patrono Universal de la Iglesia (21) que he contado yo) pongamos la que fue -y podemos recuperar- de los “Siete Domingos de San José” para contemplar los siete dolores y gozos de San José (resumen de nuestra vida). Rezarle: “por vuestra alegría, por vuestro dolor, haced, José que yo sufra y goce siempre con Vos”.

6.- Pongamos las condiciones o requisitos necesarios para ganar indulgencias plenarias. La Iglesia Madre las concede de su tesoro espiritual como un don y beneficio muy grandes para ir “derechos” al Cielo -hasta el momento en que se lucran- sin pasar por el Purgatorio. Cada día se puede lucrar una por estos y otros ejercicio: confesión y comunión sacramentales, quitar todo afecto desordenado, incluso al pecado venial (=“no anteponer nada al amor de Cristo”), rezar por las intenciones del Papa, invocar a San José con alguna práctica en su honor, invocación e imitación…

En el Noticiero os concretaré más sobre los “Siete Domingos de San José”.

En Memento en meses sucesivos se informará, Dios mediante, al respecto…

Con estos deseos os saludo de nuevo y quedo vuestro afmo. en Cristo Señor nuestro y único Salvador de los Hombres, a Quien San José “salvó” del inminente peligro de la vida cuando Herodes los perseguía para matar al Niño. No olvidemos que ahora también hay, por desgracia, muchos “herodes”.

Burgos, 2 de febrero de 2021, 21 aniversario de mi grave accidente de tráfico en que, gracias a Dios, “volví a nacer” para poder escribiros estas Cartas.

José Luis Esteban Vallejo,  Consiliario  Nacional de la ARPU en España.